El miedo que no se cumplió
Sobre IA, trabajo, y un miedo que resultó ser otro
Estaba seguro de que iban a despedir gente.
Como CTO de una empresa de asistentes cognitivos, trabajamos con un cliente entrenando modelos de NLP para automatizar tareas que sus expertos hacían manualmente. El proceso que antes tomaba 15 minutos, nuestro sistema lo reducía a 2 o 3.
Los expertos lo sabían. Algunos no querían compartir su conocimiento durante el etiquetado de datos. Tenían miedo. Yo también.
Optimizar un proceso casi siempre significa reducir personas. Eso pensaba.
Lo que pasó
No hubo despidos.
El cliente amplió su nómina.
El sistema no reemplazó a los expertos. Los liberó. Donde antes dedicaban todo su tiempo a tareas repetitivas, ahora podían buscar nuevas líneas de negocio. Proponer mejoras. Detectar fallos que luego corregíamos en nuevos entrenamientos.
La revisión final siempre pasaba por sus ojos.
El sistema era una herramienta. Ellos seguían siendo el criterio.
El golpe de dopamina
Años después, la primera vez que usé un agente de código, sentí ese miedo otra vez. La misma pregunta de fondo: ¿esto me hace obsoleto?
Claude Code, Codex, Cursor. La velocidad es real. Puedes tener un API conectada, con pruebas, en horas. Lo que antes tomaba semanas.
Es un golpe de dopamina. Para los desarrolladores. Para los gerentes. Para todos. Casi un TikTok para los C-Level viendo demos de features que “ya están listas”.
Puedes dejar un agente corriendo toda la noche, lanzando intentos como Monte Carlo hasta que algo funcione. Geoffrey Huntley lo llama “Ralph”: el loop de consistencia eventual.
Sigo sintiendo esa tensión. Cada vez que un agente resuelve algo que me hubiera tomado horas, hay una parte de mí que se pregunta: ¿cuánto tiempo hasta que esto ya no me necesite?
Pero la velocidad no elimina el miedo.
La ansiedad de los que empiezan
Últimamente hablo con mucha gente que quiere entrar a la industria. Practicantes. Juniors. Me preguntan cómo está el mercado.
Byung-Chul Han habla de la sociedad del cansancio: vivimos bajo la presión de la hiperproductividad constante. Eso ya existía. Pero ahora esa presión se amplifica. El síndrome del impostor tiene un nuevo argumento: un agente que escribe código más rápido que tú. Y la pregunta que me hice como CTO vuelve a aparecer, pero ahora en ellos.
Pero la pregunta de fondo es: ¿tiene sentido aprender a programar si una IA puede hacerlo?
La respuesta corta: sí.
La respuesta larga es lo que vi con aquel cliente: el miedo de los expertos era real, pero la realidad fue diferente. Y creo que aplica aquí también.
Lo que no cambia
Los expertos no fueron reemplazados porque entendían el sistema. Sabían cuándo el modelo acertaba. Sabían cuándo fallaba. Sabían por qué.
Eso no lo aprende un prompt.
Hoy puedes crear un sitio web con una instrucción. Pero saber si está bien construido requiere fundamentos. Diseño de sistemas. Criterio.
Addy Osmani lo pone claro: terminamos siendo supervisores de estas tecnologías.
No competimos con la máquina.
La supervisamos.
Cierre
El mercado cambió. La ansiedad de los que empiezan es válida.
Pero la necesidad de personas que entiendan profundamente cómo funcionan los sistemas, que sepan cuándo confiar y cuándo corregir, esa necesidad no desaparece.
Crece.
Con aquel cliente, el éxito no fue el modelo.
Fue la combinación.
Aquel miedo no se cumplió. Y sospecho que este tampoco.